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Pero sabio.

Ceguera

 Oscura existe la sonrisa inocente
que no queriendo ignora desnudez,
diéronle una protección inherente
al reinado influyente de la estupidez.
¿Y qué pequeño ser humano elige ser valiente
cuando domina en su vida la sencillez?
Le impusieron limitada inteligencia carente,
en la cultura cerrada del "no poder".

Despertar

¡Oh cruel esbozo de tristeza repentina!
¡No te esperaba el niño tan temprano!
Frío fue el sudor de su joven pesadilla,
cuando rauda lo hubo despertado;
inesperada y cruda la llegada matutina
de la realidad que lo dejó atontado...
¿Y qué fue del ingenuo que sonreía?
¿Y qué fue de su universo disfrazado?

Shock

Camina ahora, el pobre, sollozando
que su mundo de burbuja se pinchó...
roza a Kalumeno, el vendado,
que ahora es más de uno, más de dos.
Es el no niño, un fantasma aislado
que va contra su rumbo anterior,
intenta realzar el tono cromado,
con mil veces "puedo", y mil más de "no".

Contradicción

Se detiene, se sienta, se siente,
y se viste de pensamiento;
se para, se sonríe, se miente,
y se percibe en un estado perfecto.
Se debilita, se cae, se hiere,
y llora sangre por un momento...
no quiere sanar, ni quedar inconsciente,
ni permanecer en un quizá eterno.

Repulsión

Patea falsedades, escupe verdades,
grita a los sordos incoherencias,
se burla silencioso de los seres vanales
cuando se le acaban las fuerzas.
Ama a su yo de nuevas realidades,
vomita al fuego sus viejas creencias,
araña las paredes superficiales
de las mentes ricas en carencia.

Retroceso

Luego, vuelve a casa con sus padres,
pero su mente lo hará jamás...
poseen más ignorancia que antes
cuando gozaban de la temprana edad.
El no niño asiente sus vacíos aires
de: "Niño, no te equivoques con despertar",
como nada peor que enfrentar arrogantes:
"Echale más negro a mi burbuja, papá".








Eimí.

Comentarios

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Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
Esa hojita caerá (porque será otoño) pero él
podrá antes
haber
llegado
a
la
raíz.

No lo escribo casi …

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Así como se están besando con algo de césped en el pelo
y absoluto vacío al costado de las orejas,
al tiempo que yo los miro
-y la apatía anónima que me acompaña-,

desaparecen.

Dejan de ser las cinco pm
y dan las tres de la madrugada
con un poco de sol en el movimiento desvanecido.
Los pensamientos permanecen fútiles
y desesperados, las demás cosas
abandonan la permanencia
bajo la energía de la visión estática.

Palidecen

así, en pleno beso y
mientras caminan, corren
o son movidas por el viento.
Mientras hablan gritan o ladran
en dirección a sonidos desconocidos.
Por este absurdo indeleble,

invariables.