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Serte.

Llora mi alma al leerte. El alma entera
y el cuerpo frígido.
La piel resquebrajada por el frío y los golpes de
la vida.
Llora la vida.
La vida te llora,
empecinada en ser miserable. Al leerte.


Llueven al leerte mis ojos;
que no lloran,
porque llueven.
Y el iris de mis ojos llueve con ellos
más gris,
más lluvioso,
más
mojado se ennegrece,
como se ennegrece el corazón que no llora,
y cansado de llorar
duele.


Y la voz de mis labios al leerte llora
sin suspiros,
sin silencios
y sin voz.
Sin ganas de llorar.
                                                                 Y lejos llora
                                                                 la voz de mi conciencia.
En un llanto ahogado e imperceptible
                                                                 la voz de mi conciencia
llora.


Lloran ellos
que caminan y que corren al placer
corridos por el tiempo,
te lloran aunque no sepan que
te fuiste,
aunque no sea entre tus versos
te lloran,
igual que lloro yo,
igual que te lloro
yo...


Como mi ausencia llora la ausencia tuya
en la muerte de tus letras,
en tus letras muertas
lloro yo,
entre letras de tristeza
te lloro.


Y te escribo,
sin ganas de escribir,
y sin ganas de
llorar,
te lloro.


Y te soy
sin ganas de
serte,
y sin ganas de serte
soy.








A Alejandra Pizarnik

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con un poco de sol en el movimiento desvanecido.
Los pensamientos permanecen fútiles
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bajo la energía de la visión estática.

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mientras caminan, corren
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Mientras hablan gritan o ladran
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Por este absurdo indeleble,

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