Ir al contenido principal

Sintexto.

Si alguien hubiérame podido advertir
que esto pasaría,
esto no estaría pasando.
Quizás.

(Quizás)
Habría descuartizado algo
que aún no defino
dentro de mí,
entre diente y diente.

Yo los veo sobre mí,
y sobre lo que suelo ser.
Y aún no sé si son plural,
o si suelen sentirse tan
singulares
como yo
durante las noches,

cuando el sol se asoma
y yo lo asesino,
para que ya no incinere mis tendones
fingiendo que me acobija
con su calor.

Sí,
y odio que esto esté pasando
sobre mí
y sobre el ello flexible;
odiándome
y odiando la ocasión,
en que esto sucede.

Nos mata luego,
sabe pues que el silencio
suele ser mas placentero
que el bullicio de nuestros sollozos.

Nuestros cadáveres ya no existen,
entonces,
porque quizás nunca existieron.

Esto jamás ha pasado.

Esto no está pasando
en el instante mismo
en que sucede.

Eimí.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
Esa hojita caerá (porque será otoño) pero él
podrá antes
haber
llegado
a
la
raíz.

No lo escribo casi …

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Así como se están besando con algo de césped en el pelo
y absoluto vacío al costado de las orejas,
al tiempo que yo los miro
-y la apatía anónima que me acompaña-,

desaparecen.

Dejan de ser las cinco pm
y dan las tres de la madrugada
con un poco de sol en el movimiento desvanecido.
Los pensamientos permanecen fútiles
y desesperados, las demás cosas
abandonan la permanencia
bajo la energía de la visión estática.

Palidecen

así, en pleno beso y
mientras caminan, corren
o son movidas por el viento.
Mientras hablan gritan o ladran
en dirección a sonidos desconocidos.
Por este absurdo indeleble,

invariables.