Ir al contenido principal

Y yo, y el alma, y yo

Una lágrima danza lenta
la música de una triste melodía,
una gota de nostalgia manifiesta
acaricia la ventana en lluvia de agonía...

Y yo, y el alma, y yo...

Un pie difuminado se sienta
en frío charco de melancolía,
dos labios besan la tristeza
del agua roja de una herida...

Y yo, y el alma, y yo...

El tiempo juega a entorpecer
la impaciencia de la interminable espera,
la tinta pinta en la piel
con el color de la cordura obsoleta...

Y yo, y el alma, y yo...

en los versos de un poema francés,
y yo, y el alma, y yo...
hacendo el amor con un abecé,
y yo, y el alma, y yo...
en la asfixia infinita de un perqué.

Eimí.
Abril 2010

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
Esa hojita caerá (porque será otoño) pero él
podrá antes
haber
llegado
a
la
raíz.

No lo escribo casi …

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Así como se están besando con algo de césped en el pelo
y absoluto vacío al costado de las orejas,
al tiempo que yo los miro
-y la apatía anónima que me acompaña-,

desaparecen.

Dejan de ser las cinco pm
y dan las tres de la madrugada
con un poco de sol en el movimiento desvanecido.
Los pensamientos permanecen fútiles
y desesperados, las demás cosas
abandonan la permanencia
bajo la energía de la visión estática.

Palidecen

así, en pleno beso y
mientras caminan, corren
o son movidas por el viento.
Mientras hablan gritan o ladran
en dirección a sonidos desconocidos.
Por este absurdo indeleble,

invariables.