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Mandar fruta.

El verde odiaba.
El color verde.
Pero amaba la lechuga,
el vegetal.
Lo enloquecía.

Digamos que.

El verde repugnante opacó
con más rojo apasionado.
Tapó la lechuga
con exceso de tomate.

Y luego vio que aquellos,
los únicos no eran.
Se tapó de colores
y frescura.

De zanahoria y remolacha.

Un día, sin quererlo,
había olvidado el verde,
y su manía por las lechugas.

Ensalada se había hecho.

Y lechuga seguías vos siendo.
Vos sos lechuga repugnante,
yo sobras de ensalada. Deliciosa.

Ahora parece que estás de moda,
lechuga. Blasfemando el verde.

Tanto que me enverdé de metáforas
baratas, ahora, yo también.
Y tengo miedo de mutar a lechuga,
a tanta ausencia por doquier

de mi yo.



A todos aquellas personas ineptas que blasfeman la poesía y toda su hermosa y celestial esencia con recursos baratos y convencionales.

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