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Constantes poéticas.

Creo haberte
hablado ya
sobre las piedras
rígidas del asfalto negro azulado,
las perlas ocasionales de las luces fugitivas, repentinas
que espejan aquello que
no es que
nunca
será
nada.
Creo haberte
hablado acerca
de los anuncios que
poetas de aquello que nadie lee
bailan acéfalos incesante coreografía dentro de música oxidada
en frío nocturno que
no es que
no
exis
te.
Y de los ojos
abrillantados
por hambre del perro
que te mira desde la esquina
donde dobla el viento helado que le cala la escasa carne
hasta la insignificancia
de sus huesos
tan
mar
chitos.
De los tiempos,
también en que
los ojos se me quedaban
tiesos frente al tiempo como las piedras frente a los autos
y como los anuncios
frente a la rudeza
del
aire
impío.
Te dije en
algún tiempo,
que era yo cierto perro
aterrado frente a la sarna y el descuido de la calle iluminada
repentinamente
te dije yo que
odia
ba
serlo.
Y a  tanto
corazón descocido,
ya la avenida no me transita
lenta frente a los sentidos que expele mi piel reseca de miedo
ante la muerte.
Lo odiaba y
no
su
pe
no
tar
que
no
ser
poe
ta
es
no
vivir
y que
ya en
el
aire
final
cierta
esencia
se
ha
ido
de
mi
ser.

Comentarios

  1. Faaa chee, me encantó, desde la estructura ( me encantó leerlo así) hasta la médula de los dicho. Más buena só.

    Besurris!

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  2. OJI graciass!! En mi mente el cuadro se había pintado mucho mejor, pero sabés como es esto jajaja :)
    Vo só má bueno má :)

    ResponderEliminar
  3. Hacía mucho no te leía Gi, me gustó :)

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  4. Gracias Gus, yo tmb hace banda que no te leo y encima borraste los que tenías en mundopoesia u.u

    ResponderEliminar

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¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.
- Cómo cae la tarde, Dorita, ¿viste? - Con asombro, como si ambas se estuvieran yendo con la tarde, tras el vidrio del colectivo.  Afuera los campos que rodean Jubileo van quedando negros y ambas octogenarias parecen abandonar el viaje a Paraná en el pavor ante el advenimiento de la noche y el rocío. Como si de la muerte misma se tratara.