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En la nariz de la escritura.

Apago
la luz cuando busco, me buscan
y
no hay olores
y
resulta raro todo es lo mismo:
una piedra
grande de cosas duras
- el sonido deformando a ruido, la fragancia a hedor, negro humo el vapor transparente el agua-.
Una piedra
o
bola
o
eso de un peso inimaginable sobre mi esqueleto quebrado,
los huesos rotos
y
astillas
(por ahí dentro);
y
gustoso apagar las luces,
apagar la vida miserable;
encontrarme siendo aplastada por enormes piedras gigantes de poca tangibilidad
pero
de un peso tan exquisitamente REAL.
Apagar
y
matar
y
ser valiente
y
lamer las cosas horribles
(las bolas melodiosas)
melodiosas
en
el poema
y en
el temor a encontrar lo que nadie busca.
Y
carcajear con dientes amarillos
y
torcidos
y
oliendo a salsa roja
y
a saliva,
pero
de espeso aroma a frutas tropicales
en
el renglón
en
la tinta
en
la nariz de la lectura.



                                      Eimí

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