Ir al contenido principal

De lo que un perro pensaba mientras observaba a las palomas comer miguitas de pan.

Es incierto,
si los perros desconocen palabras (incluso, tal vez, conceptos)
saber lo que un perro pensaba mientras observaba a las palomas comer miguitas de pan.
Sólo sé que pensaba porque
la cara aplastada contra el suelo y sus ojos redonditos incapaces de pestañear
me indicaban que en su mente existían tales pensamientos; que desconozco.
Igual me atrevo a decir que,
si hubiera sido humano,
sus pensamientos habrían cantado algo así como:

                                                                  "Lo esencial es invisible a los ojos".

Y sería la invención de la frase ya formulada pero aperrunadamente.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.
- Cómo cae la tarde, Dorita, ¿viste? - Con asombro, como si ambas se estuvieran yendo con la tarde, tras el vidrio del colectivo.  Afuera los campos que rodean Jubileo van quedando negros y ambas octogenarias parecen abandonar el viaje a Paraná en el pavor ante el advenimiento de la noche y el rocío. Como si de la muerte misma se tratara.