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Le leí la mente a un tipo enamorado.

"Capaz no está pensando en que cuándo vive o si vive o no, definitivamente ni piensa.
- "                           " - eso dice, eso le leo. Eso está arriba y abajo. En su energía.
Y hasta su silencio me resulta profundo. Eso dice "quiero, creo, qué qué qué, quién quién, por qué. Qué rico el mate, que rico lamer la vida a veces, que rico no lamer y tragarme la saliva también." Todo eso dice su silencio. Aunque capaz ni es silencio, capaz escribe sus pensamientos con letra minusculita para que gente como yo no la descubra ni la desnude porque es timidita y vergonzosa. Simploncilla.
Qué ruido que me hace porque su real silencio serían sus gritos. Si cuando se va está todo quieto y aburrido. Quiero leer lo que queda y son todos:
- "Mañana hay que..." - Juan.
- "Mañana tengo que..." - María.
- "Mañana, fo, mañana..." - Muchos.
Ah, como ya la extraño, como ya me..."

Y ahí fue cuando se durmió y sus sueños causaron interferencia en la recepción de la señal.

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Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
Esa hojita caerá (porque será otoño) pero él
podrá antes
haber
llegado
a
la
raíz.

No lo escribo casi …

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.