Ir al contenido principal

¿Garganta es una bella palabra para nombrar este poema?

¿Por qué no mencionarlo
con miedo y cavar un agujero
que me trague para siempre?
Por qué ahora mismo
no me vuelvo loca y
te menciono

cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo

¡quién!
Quién
está debajo de
la planta de
mis pies.
Quién
me menciona mientras
soplo suavecito

una hormiga izquierda

en la palma izquierda

de mi mano izquierda.

Y ¿cómo?
Cómo
pedirte perdón
cuando la simple mente
no sabe ya cómo besarte
y cae su peso llorón sobre
los acariciadores pastos
que es el centro de tu pecho.

Cuando estaba loca
cuando estaba loca
me gustaba arrancarte algunos pelos
verdes pelitos
y yo ¿cuándo?
¿Cuándo dejé
de acariciar el lado áspero y claro
de tus verdes hebras?
 Cuando el sol
sobre nuestro pequeño abrazo
me aclaraba hasta parecerme al aire.

Cuando estaba loca
me mencionabas mucho
y tu mención me hacía transparente
y me arrastraba hasta el agua con el viento
y ya en el agua salpicaba con énfasis a los niños en verano.

Y dónde
dónde pensarás ahora
que me gustaría pasar la noche
dentro de este terroinmenso y oscuro agujero
que te cavé con ingratitud.
¡Dónde!





Comentarios

Entradas populares de este blog

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.
- Cómo cae la tarde, Dorita, ¿viste? - Con asombro, como si ambas se estuvieran yendo con la tarde, tras el vidrio del colectivo.  Afuera los campos que rodean Jubileo van quedando negros y ambas octogenarias parecen abandonar el viaje a Paraná en el pavor ante el advenimiento de la noche y el rocío. Como si de la muerte misma se tratara.