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¿Garganta es una bella palabra para nombrar este poema?

¿Por qué no mencionarlo
con miedo y cavar un agujero
que me trague para siempre?
Por qué ahora mismo
no me vuelvo loca y
te menciono

cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo
cómo

¡quién!
Quién
está debajo de
la planta de
mis pies.
Quién
me menciona mientras
soplo suavecito

una hormiga izquierda

en la palma izquierda

de mi mano izquierda.

Y ¿cómo?
Cómo
pedirte perdón
cuando la simple mente
no sabe ya cómo besarte
y cae su peso llorón sobre
los acariciadores pastos
que es el centro de tu pecho.

Cuando estaba loca
cuando estaba loca
me gustaba arrancarte algunos pelos
verdes pelitos
y yo ¿cuándo?
¿Cuándo dejé
de acariciar el lado áspero y claro
de tus verdes hebras?
 Cuando el sol
sobre nuestro pequeño abrazo
me aclaraba hasta parecerme al aire.

Cuando estaba loca
me mencionabas mucho
y tu mención me hacía transparente
y me arrastraba hasta el agua con el viento
y ya en el agua salpicaba con énfasis a los niños en verano.

Y dónde
dónde pensarás ahora
que me gustaría pasar la noche
dentro de este terroinmenso y oscuro agujero
que te cavé con ingratitud.
¡Dónde!





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Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
Esa hojita caerá (porque será otoño) pero él
podrá antes
haber
llegado
a
la
raíz.

No lo escribo casi …

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Así como se están besando con algo de césped en el pelo
y absoluto vacío al costado de las orejas,
al tiempo que yo los miro
-y la apatía anónima que me acompaña-,

desaparecen.

Dejan de ser las cinco pm
y dan las tres de la madrugada
con un poco de sol en el movimiento desvanecido.
Los pensamientos permanecen fútiles
y desesperados, las demás cosas
abandonan la permanencia
bajo la energía de la visión estática.

Palidecen

así, en pleno beso y
mientras caminan, corren
o son movidas por el viento.
Mientras hablan gritan o ladran
en dirección a sonidos desconocidos.
Por este absurdo indeleble,

invariables.