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Se me cayó el tono en la avenida y no lo recuperé más.

Qué quiero escuchar qué quiero escuchar qué quiero escuchar
mientras me sueno los dedos
qué quiero escuchar
sister midnight sister moon
con el frasco de dulce de mamón
al lado y la cuchara
¡divididos!
no pudo
qué quiero escuchar
con dulce de mamón enfrascado
dedos pegajosos
no soy una más que escribe lo de siempre
¡qué quiero! escuchar
musiquitas que no tengo en la cicatriz de la mano
y el indio no me habla ¿¡en guaraní!?
con los anteojos redondos y ¿¡no pudo?!
ni sus notas aturdidoras
¡qué! quiero escuchar ¡qué quiero escuchar! ¡qué quiero? ¿escuchar!
for the price of a muffin
en el solou del sultán
si el azúcar se me disolvió en la lengua
si el mamón se calentó

toda esta cosa letrosa perdió la tonalidad

¿o se la vemos? ¿o le subimos la pollera?

pero si nu'ay músi
ca'cá
nu'ay música
qué silencio átono quiero escuchar.
No tengo musiquitas.

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Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
Esa hojita caerá (porque será otoño) pero él
podrá antes
haber
llegado
a
la
raíz.

No lo escribo casi …

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Así como se están besando con algo de césped en el pelo
y absoluto vacío al costado de las orejas,
al tiempo que yo los miro
-y la apatía anónima que me acompaña-,

desaparecen.

Dejan de ser las cinco pm
y dan las tres de la madrugada
con un poco de sol en el movimiento desvanecido.
Los pensamientos permanecen fútiles
y desesperados, las demás cosas
abandonan la permanencia
bajo la energía de la visión estática.

Palidecen

así, en pleno beso y
mientras caminan, corren
o son movidas por el viento.
Mientras hablan gritan o ladran
en dirección a sonidos desconocidos.
Por este absurdo indeleble,

invariables.