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Mostrando entradas de mayo, 2014

Invertir la posesión

Yo sé saber cuando una persona tiene un gato. Generalmente conviven entre los patilludos de lentes mientras que, en las mujeres, los veo a través del color en sus pinturas de labios: muy fucsia un gato negro, entre fucsia y rosado gato blanco o siamés, de rojo a bordó gato gris o rubio. Rescato imaginar cada gato arrullado entre los pies de sus dueños ofreciendo calorcito y pelos en el acolchado.
También sé saber cuando un gato tiene una persona. Generalmente, acá logro desempolvar algún lector. Los lectores se de(s)velan a través de los gatos. Ellos pueden no ser de raza ni tener alta alcurnia pero su sangre siempre fluye caliente, siempre logran proveer de pintoresca información al cerebro. Se amoldan como los pulpos, son escurridizos e inquietos.
Se enrolla el gato.
Se cierra el libro.

Descanso

(Vas a salir adelante mi amor
vas a salir adelante)
Mira hacia arriba con asfixia
las estrellas en el espacio
(vas a salir adelante)
con asfixia en el espacio abierto
mira las estrellas
(amor vas a salir adelante)
se fue de su propio cuerpo
horas atrás después de
morir
(vas a salir adelante)
dejó de aferrar al pasto
frío los dedos de los pies
(vas a salir adelante mi amor)
sube al negro espacio
(vas a salir adelante)
entre cuatro paredes
sobrias el espacio
se pone blanco
(vas a salir)
el suelo rígido en la espalda
(vas a salir, mi amor)
mientras es un bollito de persona
con la cabeza entre las piernas
¡vas a salir! le cansa
no regala su mano le aturde
tiene miedo de morir retrocede
al rincón más cálido que encuentra
y muere.

Versiones.

Quisiera hablar de cuando
el espejo
se me planta
en el pasillo
reflejando
la pieza el living la heladera
y me denota
dentro de su luz
desnuda.

Pero poco y nada
sé de él o de
las innumerables,
las incógnitas
e infinitas
versiones de mí
que connota el brillo de
su especularidad.