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A r t é x t a s i s.

Me dice que
dentro del tiempo de sus oídos
compone canciones mentales.

Que las escribe pentagramáticamente.
Que la tinta del sonido
que el lenguaje musical emana
comienza  con movimiento armonioso
el oleaje de las notas atrevidas.
Que los siete colores danzantes del oleaje
corpórea y simultáneamente la penetran
en los cinco orificios sensitivos.
Que la difuminan mientras se abre
con el sabor lingüístico del azul-sol.
Que, luego, toda su música sexual
no aflora de su mente. Que se exilia
y vuelve a ella. Y es la mente misma.

Que su cuerpo todo,
placentero se desvanece
tras abrirse y estallar/tras volverse a cerrar
en el pecho ceñido
(que por fin cae y golpea
metálicamente contra el suelo).

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