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El rescate.

Lo oscuro
la cara
mi pecho,
que se cierra,
se cierra.
El brazo primero que se estira
y abraza la cintura presiona
el aire que
no llega a abrir
el esternón.
Lo oscuro,
en el otro brazo,
acuna su cabeza;
los rulos
en lo negro
ya no brillan.
El tercer brazo
se yergue
abriéndose paso entre lo negro
quiere rescatar al aire,
meterse por su boca,
abrirlo por dentro.
El tercer brazo,
poderoso,
alcanza la cara
de esa ajena de rulos negros
reposantes traidores del
brazo segundo.
Sus dedos rozan al fin
la frente sudada
los ojos abiertos
ya con lágrimas
la nariz obstruida los labios siempre juntos
la cara ajena.
La entera mano tercera se apoya
parcialmente en la cara.
Se mueve a los lados
para ver a la niña que no
logra llorar del todo.
La mano ve qué linda
es la nena oscura,
le presta una caricia que le dice
que la conoce en la luz del mundo
de las manos.
Lo oscuro
deja ver
las manos iluminando
rostros con el tacto.
Lo oscuro
la cara desnuda, el resto
del cuerpo asfixiado.
En la caricia de su propia mano
ajena en la oscuridad
el aire atraviesa tímido el estómago.
Va al pecho, se duerme allí.
La mano heroína cae
con fuerza sobre el colchón.
El cuerpo de la nena,
se duerme allí.

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Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
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