Ir al contenido principal

Poema de amor.

Mi palabra no es capaz
de penetrar con su punta la condición humana
y sí, en cambio,
acompaña la desdicha de la mujer que
de vez en cuando se va dentro del viento a morir
en soledad.

No sabe besar
la paz
ni la desidia,
pero sí alza con su abrazo a la mujer
que se marcha cada tanto a dormir íntimamente
el no sentir.

Envuelve en la almohada las pesadillas
que se enredan en pelos blandos
                        blancos
                        avejentados
                        polvorientos
                        endurecidos
                        adormecidos
                        inmaduros
                        enloquecidos
                        afiebrados apenas
longevos vellos púbicos.

No encanta el dulce monte oscuriúmedo
de la venus que escala las paredes pálidas y,
sin embargo, sí devuelve el pulso presionando
heroicamente la muñeca derecha de la mujer
amada
ya elevada
en el espacio infinito que
no retoza nada
nada.

A veces duerme acá conmigo,
mi palabra tan durmiente;
jamás supo hurgar los tópicos universales de la humanidad
pero sí sabe, en cambio, amar
y nada sabe,
nada
nada,
acerca del amor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dos chiquititos.

A mi bebé Ruli.


Yo era chiquita todavía
y más flaquita un poco también
si venía un vientito demasiado fuerte él me arrastraba
hasta la hoja donde los árboles terminan
y desde ahí entraba profundo
hacia la raíz donde los árboles comienzan.
Podrían pensar que un día
no iba a contar el cuento y me quebraría
pero ahí en la raíz,
un día de esos previos a las bufandas,
lo encontré a él
chiquitito y quebradizo como yo
y no sé cómo pero salí fuera y
era como Hércules con un pequeño ser
entre los brazos. Llorábamos un poquitito
los dos. Por miedo.
Y al dejarlo en el suelo él
se hizo grande
pero sin saber que siempre
siempre siempre hasta cuando no lo viera
él, sería mi bebé. Si tengo que ayudarlo a
subir las escaleras con la cadera torcida
lo voy a hacer. Hasta cerrar sus ojitos
(siempre entre mis brazos fuertes) el día en que
un vientito decida devolverlo a la hoja
donde los árboles terminan.
Esa hojita caerá (porque será otoño) pero él
podrá antes
haber
llegado
a
la
raíz.

No lo escribo casi …

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

Así como se están besando con algo de césped en el pelo
y absoluto vacío al costado de las orejas,
al tiempo que yo los miro
-y la apatía anónima que me acompaña-,

desaparecen.

Dejan de ser las cinco pm
y dan las tres de la madrugada
con un poco de sol en el movimiento desvanecido.
Los pensamientos permanecen fútiles
y desesperados, las demás cosas
abandonan la permanencia
bajo la energía de la visión estática.

Palidecen

así, en pleno beso y
mientras caminan, corren
o son movidas por el viento.
Mientras hablan gritan o ladran
en dirección a sonidos desconocidos.
Por este absurdo indeleble,

invariables.