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Bullicio de la duodécima muerte

-Cayendo...-
(Hay escenas
dentro de mi cabeza
recurrentes escenas) una mano
asesina me quita el pecho,
la mía cubre el doloroso agujero
y el cuerpo se arrastra debajo de la cama
a llorar como una nenita
asustadiza.
Para terminar de morir.
-Cayendo...- las escenas
recurrentes no sé si son reales
a veces es mi mano
quien me quita el aire
y después, sólo
estoy ya en el ataúd
y lágrimas innumerables
en las ropas del cadaver
me hacen cosquillitas por doquier.
(Como mandan los nervios,
me río).
Escucho
-cayendo...-
hay otra voz que habla
todo el tiempo
todo el tiempo
no dice nada
absolutamente nada,
la boca es hermosa los labios
se mueven como bailando
la fonética
de cada palabra pronunciada
y no significan sólo
dicen
que otra vez voy a ser
el cadaver del ataúd
mojado por el llanto,
cayendo
otra vez, preguntando
desde el suelo
"¿Me extrañan?
¿Hago falta
en todas esas casas espaciosas y
llenas de calor hogareño y
enormes, faltas de alegría?"
"Sí, mucho, muchísimo"
Responderán
cada vez, después
se prepararán un mate e irán
al lugar habitual de reunión vespertina,
a recordar,
qué bonita era cuando cerraba la boca,
que qué pena que me morí
por duodécima vez.

Comentarios

  1. Me encantó, Gimena. Toda esa cosa lúgubre de la muerte, es la clase de poema que más me gusta.

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  2. Aprecio tu lectura. Gracias, Luciano

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