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Yermo.


Nuestros cuerpos dormirán regados
sobre superficies cuajadas
las pieles rezumarán bajo la luz cegante
y jamás nada de lo que nos hizo retorcer de goce
volverá a empaparnos igual
el aliento mudo.
Tuvimos humedales en la lengua
minúsculos arroyos de placer en el abdomen
pero ahora nadie trascenderá ya la aridez:
Cuando las palabras se vuelven quebradizas
la boca parece fragmentarse,
infértil,
junto al aire tajante del verano.

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Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.
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¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?