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Quiero que me busques
soy el muro agusanado tras la enramada espesa.
Hay un enjambre de moscas que bien suenan
a pensamientos bulliciosos.
Ahora que nadie me tiene
albergo grillos en los oídos
y duele menos la soledad despótica,
y el sol me rastrea a duras penas
entre la humedad donde se hunde
el pecho descolorido.





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Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.
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